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jueves, enero 30, 2014

Tras el silencio

Los hermanos Karamazov: El sufrimiento del inocente
El sufrimiento del inocente

Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos -haciéndoles felices-: el
milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: "¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos." Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo.

[...]

Todos los millones de seres humanos serán así felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados. Los felices se contarán por miles de millones, y habrá cien mil mártires del conocimiento, exclusivo y maldito, del bien y del mal. Morirán en paz. pronunciando tu nombre, y, más allá de la tumba, sólo verán la oscuridad de la muerte. Sin embargo, nos lo callaremos; embaucaremos a los hombres, por su bien, con la promesa de una eterna recompensa en el cielo, a sabiendas de que, si hay otro mundo, no ha sido, de seguro, creado para ellos. Se vaticina que volverás, rodeado de tus elegidos, y que vencerás; tus héroes sólo podrán envanecerse de haberse salvado a sí mismos, mientras que nosotros habremos salvado al mundo entero. Se dice que la fornicadora, sentada sobre la bestia y con la "copa del misterio" en las manos, será afrentada y que los débiles se sublevarán por vez postrera, desgarrarán su púrpura y desnudarán su cuerpo impuro. Pero yo me levantaré entonces y te mostraré los miles de millones de seres felices que no han conocido el pecado. Y nosotros que, por su bien, habremos asumido el peso de sus culpas, nos alzaremos ante ti, diciendo: "¡Júzganos, si puedes y te atreves!" No te temo. Yo también he estado en el desierto; yo también me he alimentado de langostas y raíces; yo también he bendecido la libertad que les diste a los hombres y he soñado con ser del número de los fuertes. Pero he renunciado a ese sueño, he renunciado a tu locura para sumarme al grupo de los que corrigen tu obra. He dejado a los orgullosos para acudir en socorro de los humildes. Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho. Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi.

El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice:

-¡Vete y no vuelvas nunca..., nunca!

Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.

Los hermanos Karamazov - "El Gran Inquisidor" en Ciudad Seva

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El milagro, el misterio y la autoridad se escondieron 
en la conjunción de dos bocas, 
en la intersección de lo vertical y lo horizontal, 
allí donde la fe retó al censor, 
allí donde el silencio venció al orador.

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En un beso, sabrás todo lo que he callado.
(Pablo Neruda)


viernes, abril 05, 2013

El cielo invisible

Los mandamientos del cielo según Pablo Neruda
Los mandamientos del cielo

Yo me río, me sonrío de los viejos poetas, yo adoro toda la poesía escrita, todo el rocío, luna, diamante, gota de plata sumergida, que fue mi antiguo hermano, agregando a la rosa, pero me sonrío, siempre dicen “yo”, a cada paso les sucede algo, es siempre “yo,” por las calles sólo ellos andan o la dulce que aman, nadie más, no pasan pescadores, ni libreros, no pasan albañiles, nadie se cae de un andamio, nadie sufre, nadie ama, sólo mi pobre hermano, el poeta, a él le pasan todas las cosas y a su dulce querida, nadie vive sino él solo, nadie llora de hambre o de ira, nadie sufre en sus versos porque no puede pagar el alquiler, a nadie en poesía echan a la calle con camas y con sillas y en las fábricas tampoco pasa nada, no pasa nada, se hacen paraguas, copas, armas, locomotoras, se extraen minerales rascando el infierno, hay huelgas, vienen soldados, disparan, disparan contra el pueblo, es decir, contra la poesía, y mi hermano el poeta estaba enamorado, o sufría porque sus sentimientos son marinos, ama los puertos remotos, por sus nombres, y escribe sobre océanos que no conoce, junto a la vida, repleta como el maíz de granos, él pasa sin saber desgranarla, él sube y baja sin tocar la tierra, o a veces se siente profundísimo y tenebroso, él es tan grande que no cabe en sí mismo, se enreda y desenreda, se declara maldito, lleva con gran dificultad la cruz de las tinieblas, piensa que es diferente a todo el mundo, todos los días come pan pero no ha visto nunca un panadero ni ha entrado a un sindicato de panificadores, y así mi pobre hermano se hace oscuro, se tuerce y se retuerce y se halla interesante, interesante, ésta es la palabra, yo no soy superior a mi hermano pero sonrío, porque voy por las calles y sólo yo no existo, la vida corre como todos los ríos, yo soy el único invisible, no hay misteriosas sombras, no hay tinieblas, todo el mundo me habla, me quieren contar cosas, me hablan de sus parientes, de sus miserias y de sus alegrías, todos pasan y todos me dicen algo, y cuántas cosas hacen!: cortan maderas, suben hilos eléctricos, amasan hasta tarde en la noche el pan de cada día, con una lanza de hierro perforan las entrañas de la tierra y convierten el hierro en cerraduras, suben al cielo y llevan, cartas, sollozos, besos, en cada puerta hay alguien, nace alguno, o me espera la que amo, y yo paso y las cosas me piden que las cante, yo no tengo tiempo, debo pensar en todo, debo volver a la casa, pasar al Partido, qué puedo hacer, todo me pide que hable, todo me pide que cante y cante siempre, todo está lleno de sueños y sonidos, la vida es una caja llena de cantos, se abre y vuela y viene una bandada de pájaros que quieren contarme algo descansando en mis hombros, la vida es una lucha como un río que avanza y los hombres quieren decirme, decirte, por qué luchan, si mueren, por qué mueren, y yo paso y no tengo tiempo para tantas vidas, yo quiero que todos vivan en mi vida y cante en mi canto, yo no tengo importancia, no tengo tiempo, para mis asuntos, de noche y de día debo anotar lo que pasa, y no olvidar a nadie. Es verdad que de pronto me fatigo y miro las estrellas, me tiendo en el pasto, pasa un insecto color de violín, pongo el brazo sobre un pequeño seno o bajo la cintura de la dulce que amo, y miro el terciopelo duro de la noche que tiembla con sus constelaciones congeladas, entonces siento subir a mi alma la ola de los misterios, la infancia, el llanto en los rincones, la adolescencia triste, y me da sueño, y duermo como un manzano, me quedo dormido de inmediato con las estrellas o sin las estrellas, con mi amor o sin ella, y cuando me levanto se fue la noche, la calle ha despertado antes que yo, a su trabajo van las muchachas pobres, los pescadores vuelven del océano, los mineros van con zapatos nuevos entrando en la mina, todo vive, todos pasan, andan apresurados, y yo tengo apenas tiempo para vestirme, yo tengo que correr: ninguno puede pasar sin que yo sepa adónde va, qué cosa le ha sucedido. No puedo sin la vida vivir, sin el hombre ser hombre y corro y veo y oigo y canto, las estrellas no tienen nada que ver conmigo, la soledad no tiene flor ni fruto. Dadme para mi vida todas las vidas, dadme todo el dolor de todo el mundo, yo voy a transformarlo en esperanza. Dadme todas las alegrías, aun las más secretas, porque si así no fuera, cómo van a saberse? Yo tengo que contarlas, dadme las luchas de cada día porque ellas son mi canto, y así andaremos juntos, codo a codo, todos los hombres, mi canto los reúne: el canto del hombre invisible que canta con todos los hombres.


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Voz del pueblo, voz del cielo.
(Anónimo)

lunes, febrero 11, 2013

Abejas, sol y miel

El sol de Egipto
Las lágrimas del Sol


MULTITUD de la abeja!
Entra y sale
del carmín, del azul,
del amarillo,
de la más suave
suavidad del mundo:
entra en
una corola
precipitadamente,
por negocios,
sale
con traje de oro
y cantidad de botas
amarillas.
...
Perfecta
desde la cintura,
el abdomen rayado
por barrotes oscuros,
la cabecita
siempre
preocupada
y las
alas
recién hechas de agua:
entra
por todas las ventanas olorosas,
abre
las puertas de la seda,
penetra por los tálamos
del amor más fragante,
tropieza
con
una
gota
de rocío
como con un diamante
y de todas las casas
que visita
saca
miel
misteriosa,
rica y pesada
miel, espeso aroma,
líquida luz que cae en goterones
hasta que a su
palacio
colectivo
regresa
y en las góticas almenas
deposita
el producto
de la flor y del vuelo,
el sol nupcial seráfico y secreto!
...
Multitud de la abeja!
Elevación
sagrada
de la unidad,
colegio
palpitante!
...
Zumban
sonoros
números
que trabajan
el néctar,
pasan
veloces
gotas
de ambrosía:
es la siesta
del verano en las verdes
soledades
de Osorno. Arriba
el sol clava sus lanzas
en la nieve,
relumbran los volcanes,
ancha
como
los mares
es la tierra,
azul es el espacio,
pero
hay algo
que tiembla, es
el quemante
corazón
del verano,
el corazón de miel
multiplicado,
la rumorosa
abeja,
el crepitante
panal
de vuelo y oro!
...
Abejas,
trabajadoras puras,
ojivales
obreras,
finas, relampagueantes
proletarias,
perfectas,
temerarias milicias
que en el combate atacan
con aguijón suicida,
zumbad,
zumbad sobre
los dones de la tierra,
familia de oro,
multitud del viento,
sacudid el incendio
de las flores,
la sed de los estambres,
el agudo
hilo
de olor
que reúne los días,
y propagad
la miel
sobrepasando
los continentes húmedos, las islas
más lejanas del cielo
del Oeste.
...
Sí:
que la cera levante
estatuas verdes,
la miel
derrame
lenguas
infinitas,
y el océano sea
una
colmena,
la tierra
torre y túníca
de flores,
y el mundo
una cascada,
cabellera,
crecimiento
incesante
de panales!




Miel: el elixir de la vida eterna
El elixir de la vida eterna

lunes, octubre 08, 2012

Necesito del mar

Platja des Coll Baix - Mallorca
Platja des Coll Baix - Mallorca

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.


*****