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lunes, febrero 03, 2014

La naturaleza del miedo

La naturaleza del miedo es que no existe
Una ventana a la luz

-Tengo miedo, ángel. ¿Por qué siempre me siento solo? Creo que no soy capaz de ver ni sentir nada más que este miedo.

-Cielo, el miedo es así, una vez que le das cabida en ti se hace dueño con todo y te hace olvidar toda la alegría y bondad que ya hay en ti. Expulsa el miedo y recuperarás toda esa alegría. Pero no puede ser al mismo tiempo ni a la vez. Primero saca el miedo de ti.

-¿Y cómo? ¿Cómo lo saco?

-Deja de pensar en él. El miedo quiere que lo escuches, míralo y déjalo ir. Sin huir de él. El miedo sólo se alejará cuando sepa que te has dado cuenta de la Verdad.

-¿Y cuál es la verdad?

-Que no te pertenece, que no es tuyo. Entonces se irá rápido para no ser descubierto. Porque si descubres que no es tuyo y permanece a tu lado, tú tendrás el poder sobre él, lo podrás deshacer o lo podrás utilizar para fortalecerte. Sólo es una energía que intenta ahogarte, cuando descubres que no lo puede hacer, la coges y tú la puedes ahogar a ella.

-Parece fácil, pero cuando se siente es tan duro...

-Deja de temer al miedo. No existe

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'Miedo sin valor', relato extraído de La ventana del Ser, por Altaïr García


La ventana del Ser, por Altaïr Garcia: sabiduría de los Ángeles
Amor y Sabiduría de los ángeles

El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. 
Y no sólo al amor, 
el miedo expulsa también a la inteligencia, la bondad, 
todo pensamiento de belleza y verdad, 
y sólo queda la desesperación muda; 
y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.


sábado, septiembre 14, 2013

Vocales y consonantes

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.

Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres entonan esta canción y la cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción. Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le canta su canción. Cuando se inicia como adulto la gente se junta nuevamente y canta su canción.

Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción. Finalmente cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, le cantan su canción, para acompañarlo en su transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores cantan la canción. Si en algún momento de su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor, entonces... le cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección de las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de la propia identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros. Tus amigos reconocen tu canción y la cantan cuando la olvidaste.

Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes ni la oscuras imágenes que muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido.


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Las vocales de tu nombre ayudan a recordar al alma 
la labor que has venido a hacer a la Tierra 
y las consonantes la manera como llevarla a cabo.


viernes, septiembre 13, 2013

Juntos pero no atados

Madre Tierra y Padre Cielo, juntos pero no atados
Madre Tierra y Padre Cielo, juntos pero no atados

Cuenta una vieja leyenda sioux que una vez llegó hasta la tienda del brujo más viejo de la tribu una pareja de enamorados de la mano: Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- "Nos amamos", empezó el joven.

- "Y nos vamos a casar", dijo ella.

- "Y nos queremos tanto que tenemos miedo."

- "Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán."

- "Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos."

- "Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte."

- "Por favor", repitieron, "¿hay algo que podamos hacer?"

El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados...

- "Hay algo...", dijo el viejo después de una larga pausa. "Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada."

- "No importa", dijeron los dos.

- "Lo que sea", ratificó Toro Bravo.

- "Bien", dijo el brujo. "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena."

- "Y tú, Toro Bravo", prosiguió el brujo, "deberás escalar la Montaña del Trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, atraparla sin herirla y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... ¿Comprendísteis?"

La pareja asintió y el anciano chamán hizo un gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron, ante la aprobación del viejo, los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe.

- "¿Volaban alto?", preguntó el brujo.

- "Por supuesto, como lo pediste... ¿y ahora?", preguntó el joven. Esperamos un sacrificio, ¿hemos de matarlos, qué hemos de hacer?"

- "No", dijo el sabio anciano. "Haced lo que os digo. Tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres."

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

- "Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados".


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No se nos otorgará la libertad externa 
más que en la medida exacta en que hayamos sabido, 
en un momento determinado, 
desarrollar nuestra libertad interna.
(Mahatma Gandhi)

domingo, abril 21, 2013

Matilda y un cuento de hadas

Matilda: Roald Dahl firmado por Quentin Blake
This child, Miss Honey told herself, seems to be interested in everything.
When one is with her it is impossible to be bored. I love it
.


La señorita Honey, con una mano apoyada en la puerta, que aún no había abierto, se volvió a Matilda y dijo:

- Cuando vengo por este sendero recuerdo algo que escribió un poeta llamado Dylan Thomas.
Matilda permaneció callada y la señorita Honey comenzó a recitar el poema con voz sorprendentemente armoniosa:

Vayas donde vayas, amiga mía,
Por el país de las historias que se cuentan a la luz de la lumbre
No tengas miedo de que el lobo disfrazado de piel de cordero
Brincando y balando, torpe y alegremente, querida mía,
Salga de su guarida, entre hojas humedecidas por el rocío
Para comerse tu corazón en la casita rosada del bosque.

Hubo un momento de silencio y Matilda, que nunca había oído recitar poesía romántica en voz alta, se sintió profundamente emocionada.

- Parece música - murmuró.

- Es música - dijo la señorita Honey que, a continuación y como avergonzada de haber revelado ese aspecto íntimo de sí misma, abrió rápidamente la puerta del jardín y entró en el sendero. Matilda se quedó atrás. Le asustaba un poco aquel sitio. Le parecía irreal, aislado y fantástico y, por tanto, muy alejado de este mundo. Era como una ilustración de un cuento de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen. Recordaba la casa en que vivía el pobre leñador con Hansel y Gretel, donde vivía la abuela de Caperucita Roja y, también, la casa de los siete enanitos, la de los tres osos y la de muchos más. Parecía sacada de un cuento de hadas.

Extracto de Matilda por Roald Dahl y Quentin Blake
Fuente: nourz - Fotolog

Matilda: la casita rosada del bosque por Quentin Blake
El sendero hacia la casita rosada del bosque

sábado, marzo 09, 2013

El hombre que plantaba árboles

El hombre que plantaba árboles
Una admirable semilla de vida

Para que el carácter de un ser humano excepcional muestre sus verdaderas cualidades, es necesario contar con la buena fortuna de poder observar sus acciones a lo largo de los años. Si sus acciones están desprovistas de todo egoísmo, si la idea que las dirige es una de generosidad sin ejemplo, si sus acciones son aquellas que ciertamente no buscan en absoluto ninguna recompensa más que aquella de dejar sus marcas visibles; sin riesgo de cometer ningún error, estamos entonces frente a un personaje inolvidable.

[...]

Cuando reflexiono que un solo hombre confiado en sus simples recursos físicos y morales fue suficiente para hacer surgir de un desierto esta tierra de Cannan, me doy cuenta que a pesar de todo, la condición humana es admirable. Pero, cuando hago un recuento de lo que puede crear, la constancia, la generosidad y la grandeza de un alma resuelta a lograr su objetivo, soy presa de un inmenso respeto por aquel viejo campesino sin cultura que a su manera supo como materializar una obra digna de Dios.


*******

La verdadera generosidad, 
en relación con el futuro, 
consiste en dárselo todo al presente.
(Albert Camus)

miércoles, febrero 20, 2013

La semilla de unos huesos

Mujeres que corren con lobos de Clarisa Pinkola
La salvaje divinidad nace en la mujer

Una vez decidida la canción, se sitúa frente a la criatura,
levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. 

Entonces los huesos del lobo se van cubriendo de carne
y a la criatura le crece el pelo. 

La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida, 
y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba. 

La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar. 

Canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y,
mientras ella canta, el lobo abre los ojos, 
pega un salto y se escapa corriendo cañón abajo. 

En algún momento de su carrera, debido a la velocidad 
o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando 
o a un rayo de luna que le ilumina directamente su costado, 
el lobo se transforma de repente en una mujer 
que corre libremente hacia el horizonte, 
riéndose a carcajadas.



Mujeres que corren con lobos
El aliento vital nace en la oscuridad

martes, febrero 19, 2013

Encender la noche

Encender la noche de Ray Bradbury
¿Quién puede ver las estrellas con las luces encendidas?

Había una vez un muchachito a quien no le gustaba la Noche.

Le gustaban linternas y lámparas y antorchas y alumbrados y faros y faroles y velas y velones y relumbrones y relámpagos. Pero no le gustaba la noche.

Se lo veía en salones y sótanos y despensas y desvanes y alcobas y alacenas y escurriéndose por los corredores. Pero nunca se lo veía afuera. En la Noche.

No le gustaban para nada las llaves de luz. Porque las llaves de luz apagaban las lámparas amarillas, las lámparas verdes, las lámparas blancas, las lámparas del vestíbulo, las luces de la casa, las luces de todas las habitaciones. Él nunca tocaba las llaves de luz. Y jamás salía a jugar en la oscuridad.

Siempre estaba muy solo. Y muy triste. Pues veía, desde su ventana, a los otros chicos jugando sobre el césped en las noches de verano, corriendo felices allá afuera.

Pero nuestro muchachito ¿dónde estaba? Arriba en su cuarto. Con sus linternas y lámparas y faroles y candeleros y candelas. Completamente solo.

A él únicamente le gustaba el sol. El amarillo sol. A él no le gustaba la Noche.


*******

La emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. 
No puede haber transformación de la oscuridad en luz 
ni de la apatía en movimiento sin emoción.
(Carl Gustav Jung)


sábado, enero 05, 2013

Sueños y estrellas

Estatua.Ramblas de Barcelona.
Dando a luz sueños, iluminando el cielo

"En algún lugar más allá de las estrellas, 
en algún lugar entre los mundos, 
existe un lugar en el que nacen los sueños".
[...]
"En algún lugar más allá de las estrellas, 
en algún lugar entre los mundos, 
existe un lugar en el que nunca has estado, 
pero es el lugar en que tu corazón fue creado".
[...]
"En algún lugar más allá de las estrellas, 
en algún lugar entre los mundos 
hay un ángel 
que jamás permitiría que te perdieras".
[...]
"En algún lugar más allá de las estrellas, 
en algún lugar entre los mundos 
existe la prueba de que el amor y la vida 
continúan haciéndose fuertes".
[...]
“En algún lugar más allá de las estrellas, 
en algún lugar entre los mundos, 
existe alguien iluminando el cielo 
para que puedas sonreír".
[...]

Autora: Elizabeth Segoviano
Fotografía: Pere Borras

*******

El anterior es el mejor relato 
para una noche llena de fantasía 
como la de hoy. 

En mi carta a oriente
se han deslizado dos deseos, 
dos intenciones mágicas.

Que cada niña y cada niño 
dibuje un sueño en su corazón 
y pinte una estrella en el cielo.

Y que cada noche 
una lluvia de estrellas 
caiga sobre la tierra.


viernes, septiembre 07, 2012

La princesa, el guisante y la sensibilidad

La princesa y el guisante
Delicadeza y sensibilidad


Había una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero tenía que ser una auténtica princesa, una princesa de verdad. Para encontrar a esta princesa, viajó por todo el mundo, pero en todas partes surgía algún inconveniente. Princesas las había a montones, pero el príncipe no podía estar seguro de que fueran princesas de verdad. Siempre descubría algo en ellas que no terminaba de gustarle. De modo que regresó a su palacio, melancólico y apesadumbrado, porque tenía muchísimas ganas de conseguir una princesa verdadera y hacerla su esposa.

Cierta noche se desencadenó una espantosa tormenta. El cielo se llenó de relámpagos y de truenos, la lluvia caía a mares sobre la tierra. ¡Era terrible! Entonces alguien llamó a la puerta de palacio, y salió el propio rey en persona para ver quién era.

En el umbral de palacio apareció una princesa ¡pero, Dios mío, qué aspecto tan lamentable tenía! El agua le chorreaba por el vestido y por el cabello, le entraba por la punta de los zapatos y le salía por los talones... Y sin embargo ella afirmaba que era una princesa de verdad. Así que exigía ser hospedada con la calidad de su rango.

"¡Esto lo averiguo yo enseguida!", pensó la anciana reina... pero no dijo nada. Se metió en el dormitorio, quitó toda la ropa de la cama y encima del somier puso un guisante... y encima del guisante colocó veinte colchones de pluma, y encima de los veinte colchones veinte edredones de lana. Allí tenía que dormir esa noche la princesa.

A la mañana siguiente le preguntaron como había dormido. "¡Oh! ¡terriblemente mal!" respondió la princesa. "¡Casi no he podido pegar ojo en toda la noche!. ¡Dios sabrá lo que había en la cama! ¡he dormido encima de algo tan duro que tengo el cuerpo lleno de magulladuras y moretones! ¡Ha sido algo espantoso!

Así pudieron comprobar todos que era una princesa de verdad, ya que tan solo una auténtica princesa puede notar la presencia de un guisante a través de veinte colchones y veinte edredones. ¡Solo una auténtica princesa puede ser tan delicada y sensible!.

De modo que el príncipe se casó con ella, seguro de haber conseguido lo que buscaba. En cuanto al guisante, lo guardaron en la cámara del tesoro, donde debe seguir todavía, si nadie se lo ha llevado. ¡Y esta sí es una historia auténtica y verdadera!


Cuento de Hans Christian Andersen extraído de La princesa del guisante

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El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo. (Charles Pinot Duclós)


domingo, agosto 26, 2012

Los rituales de la amistad y el amor


El principito y el zorro
El principito y el zorro

- Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el Principito, a fin de acordarse.
- El tiempo que perdiste por tu rosa es lo que hace a tu rosa tan importante -dijo el zorro.
- El tiempo que perdí por mi rosa… -dijo el Principito, a fin de acordarse.
- Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
- Soy responsable de mi rosa… -repitió el Principito, a fin de acordarse.
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