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domingo, agosto 03, 2014

Carne... y viento

Espirales sobre la carne
Espirales en la carne

Mi deseo es un nudo de noches largas... y el tuyo? -pregunto mientras te estiras en la cama despojada de inhibiciones.
¿Cuántas mujeres conoces caídas de una estrella? -esquivas la respuesta y acompaño tu descenso.
Solo conozco una que haya caído del Cielo -miente mi desnudez,  ya recostada a tu lado.

He acertado la respuesta: me ofreces el cuello y descubro una espiral tatuada tras la oreja. Su escapatoria apunta hacia abajo. Succiono la tinta de esa sagrada inscripción.

¿Te gusta la carne de la granada? -sonríes sin pudor.
Sigue la línea que escapa de mi espiral -añade un sensual susurro.

Busco algún rastro de esa trayectoria sobre el mapa desnudo de tu piel... pero no lo encuentro. Entonces imagino el camino que desearían marcar mis besos en tu geografía... y lo inicio.

Me recreo en un alto y mi sed erige una fuente en la cual otro hijo de Dios beberá. La brisa de tu expiración se entrecorta y acelera.
Vacío mis besos en el valle por el que tu madre, ahora también mía, te alimentó. Tu respiración se arremolina como fuego en libertad. 
Me detengo allí donde el granado entrega un fruto ya maduro. El aire que exhalas se viste de vendaval... y recuerdo el nombre de ese viento.

Mi deseo se desnuda bajo una noche nítida. Al amanecer, lo visto con mi oscuridad.

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sábado, abril 12, 2014

En el camino

El Camino de Santiago me ha enseñado el equilibrio
Equilibrio entre pasado, presente y futuro


¿Qué me ha enseñado el Camino de Santiago?

  • A confiar en él: si nosotros confiamos en el camino, el camino confía en nosotros.
  • A estar presente en cada paso sin olvidar el objetivo final... y los parciales. Si lo conseguimos, fluimos a través de él, hacia el destino, sin oponer resistencia. Los pasos deben tener un sentido pero lo realmente importante consiste en disfrutar del camino.
  • agradecer cada paso recorrido, los que nos han traido hasta aquí.
  • A soltar cargas superfluas, a quedarnos con lo esencial.
  • A compartir, a dar y recibir.
  • A adaptarnos a las vicisitudes.
  • El verdadero valor de la persistencia.

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Vive el presente pero no olvides tu objetivo, 
suelta lo que ya no sirve, 
confía, agradece, comparte, adáptate, persiste:
Encuentra el equilibrio en el Camino de la Vida.

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-¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende, en gran parte, del sitio al que quieras llegar
-No me importa mucho el sitio...
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.



domingo, febrero 09, 2014

La burbuja de sonido

Mas Gras: cor de Catalunya
Cor de Catalunya

Cada mañana se pone los auriculares, escucha su canción preferida, e imagina una burbuja de sonido a su alrededor. Se enfunda una armadura de aire.

Cierto día, la burbuja se infló con el aroma de ángeles jóvenes, con el tacto de gélidas alas, con colores de futuros puentes y siluetas de dragones dormidos... 

Y cuando sintió el gusto del horizonte en los labios, un latido explotó... y aquella burbuja estalló.




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El corazón es centro, 
porque es lo único de nuestro ser que da sonido.


sábado, septiembre 14, 2013

Vocales y consonantes

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.

Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres entonan esta canción y la cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción. Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le canta su canción. Cuando se inicia como adulto la gente se junta nuevamente y canta su canción.

Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción. Finalmente cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, le cantan su canción, para acompañarlo en su transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores cantan la canción. Si en algún momento de su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor, entonces... le cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección de las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de la propia identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros. Tus amigos reconocen tu canción y la cantan cuando la olvidaste.

Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes ni la oscuras imágenes que muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido.


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Las vocales de tu nombre ayudan a recordar al alma 
la labor que has venido a hacer a la Tierra 
y las consonantes la manera como llevarla a cabo.


viernes, septiembre 13, 2013

Juntos pero no atados

Madre Tierra y Padre Cielo, juntos pero no atados
Madre Tierra y Padre Cielo, juntos pero no atados

Cuenta una vieja leyenda sioux que una vez llegó hasta la tienda del brujo más viejo de la tribu una pareja de enamorados de la mano: Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- "Nos amamos", empezó el joven.

- "Y nos vamos a casar", dijo ella.

- "Y nos queremos tanto que tenemos miedo."

- "Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán."

- "Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos."

- "Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte."

- "Por favor", repitieron, "¿hay algo que podamos hacer?"

El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados...

- "Hay algo...", dijo el viejo después de una larga pausa. "Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada."

- "No importa", dijeron los dos.

- "Lo que sea", ratificó Toro Bravo.

- "Bien", dijo el brujo. "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena."

- "Y tú, Toro Bravo", prosiguió el brujo, "deberás escalar la Montaña del Trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, atraparla sin herirla y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... ¿Comprendísteis?"

La pareja asintió y el anciano chamán hizo un gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron, ante la aprobación del viejo, los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe.

- "¿Volaban alto?", preguntó el brujo.

- "Por supuesto, como lo pediste... ¿y ahora?", preguntó el joven. Esperamos un sacrificio, ¿hemos de matarlos, qué hemos de hacer?"

- "No", dijo el sabio anciano. "Haced lo que os digo. Tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres."

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

- "Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados".


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No se nos otorgará la libertad externa 
más que en la medida exacta en que hayamos sabido, 
en un momento determinado, 
desarrollar nuestra libertad interna.
(Mahatma Gandhi)

domingo, septiembre 08, 2013

Barcelona, la música i l'acció

Barcelona... Bar, cel i ona. 
L'únic lloc del món 
on mentre prens una cervesa en un bar, 
pots gaudir del seu cel,
de l'ona de mar que acarona l'horitzó,
i de la música que juga amb tots tres.
....
Aquella música va jurar fidelitat eterna:
"aquesta és l'última vegada que us ofereixo la mà"
va dir la música al cel, a l'ona i a l'horitzó
"a partir d'ara, només tindreu petons i abraçades"
....
i així les paraules van quedar impregnades d'acció...
i el cinema, que és la imatge i la música en acció,
 es va enamorar per sempre d'aquesta ciutat.



No basta con oír la música; además hay que verla.
(Igor Stravinski)

miércoles, septiembre 04, 2013

Infinito, cero, infinito

Los dragones del Yin y el Yang
Los dragones del Yin y el Yang


El Tao que puede expresarse no es el Tao permanente.
El nombre que puede nombrarse no es el nombre permanente.
El no-ser es principio del Cielo y de la Tierra; el ser, de los infinitos seres es madre.
Por eso con el permanente no-ser se contempla la esencia escondida (del Tao);
con el permanente ser se contemplan meros indicios del Tao.
Estos dos (no-ser y ser) tienen el mismo origen aunque diferentes nombres; tanto al uno como al otro, puedes llamarlos misterio.
Misterio de los misterios, llave de toda mudanza.

Lao Tse, Tao Te Ching

Yeshúa dice: Cuando hagáis de los dos uno, os convertiréis en hijos de la humanidad—y cuando digáis a la montaña, «¡Muévete!», se moverá.

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Llénate de silencio. Llénate de oscuridad. Carga tu corazón de semillas y coraje. Elige la espada cuyo filo refleja todos tus aspectos. 

Camina hasta la frontera, hasta la delgada linea invisible que separa los infinitos abismos.

Clávate la espada... sí, en el corazón. Vas a morir. Tienes miedo. Deja que se derrame la sangre. Es la simiente de las flores por nacer. Un dragón muere... otro dragón nace.

Muere el hijo de la quietud. Nace el padre de las infinitas mudanzas. Muere la hija del silencio y la oscuridad. Nace la madre de todos los sonidos y colores. 

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La oscuridad es como el silencio
y este es la madre de los sonidos
lo mismo que el negro es la madre del color.
(John Berger)


martes, septiembre 03, 2013

Antes de la medianoche

Before midnight
Before midnight

Todavía ahí, todavía ahí, todavía ahí... se fue... 

Se fue un carro, una cabalgadura y su diestro jinete. 
La silueta que rompe el horizonte los engulló. 
La sombra de la montaña ganó la batalla.

Los sueños nacen con el amanecer, tal como Aurora les ofrece sus pechos. Se desgastan durante el día, tal como las horas son devoradas por Chronos. Al atardecer languidecen, presos de una nostalgia que ronda por patios y azoteas. Casi mueren al anochecer, tal como los reproches y las insatisfacciones sirven de alimento a Ares. Necesitan de otro sueño, más corpóreo, menos inmaterial, para renacer, para llenarse de pasión, para ser de nuevo frutos de la vid, hijos de Dioniso.

Ya llega un carro, una cabalgadura y su diestro jinete. 
La silueta que rompe el horizonte los devuelve. 
La sombra de la montaña pierde la batalla.

Todavía no, todavía no, todavía no... ya llegó...

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En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, 
y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.
(Khalil Gibran)


miércoles, mayo 08, 2013

Espejos helados

Erase una vez cierto caballero que tenía, como todos tenemos, un ángel de la guarda.

Aquel ángel le acompañó prácticamente durante toda su infancia. Su presencia era para él como miel en los labios, toda dulzura y bondad. Pero el caballero no se había percatado demasiado de aquella compañía tan bienaventurada. 

Desde que perdió cierta princesa a una temprana edad, casi siempre permanecía encerrado en su torreón, uno muy elevado, rodeado de nubarrones oscuros y espesos, mal viviendo entre escarcha y espejos helados. Aquellas nubes no paraban de descargar granizo que apedreaba su corazón. Para protegerse, aquel caballero aprendió a endurecer su corazón. Así, al menos, ningún granizo podría hacerle daño.

Después, cuando murió el cuerpo que albergaba su ángel, el caballero se sintió algo triste, en cierta forma desamparado, por haber perdido algo tan valioso, sin haberlo sabido valorar en su justa medida.

Cada dos de Diciembre, a las 16:30h, el día que el caballero cumplía años, recibía una llamada de su ángel de la guarda. Pero él siempre estaba comunicando, enfrascado en lágrimas cada vez más frías, cada vez más heladas, llenándose de conmiseración por si mismo. Sufriendo hasta lo indecible.

Tras mucho tiempo desperdiciado, aquel caballero aprendió que las únicas lágrimas que valía la pena gastar (si es que se vale la pena gastar algunas) son las calientes, aquellas derramadas por la alegría o la compasión del corazón. 

Entonces, por fin, pasados catorce años, el caballero se decidió a responder a la llamada de su ángel. 

El ángel se alegró mucho de que al fin respondiera. Le recordó la luz que su protegido llevaba en el interior. Le recordó también que debía aprender a quererse, que era un ser especial y maravilloso (aunque ni mejor, ni peor que los otros seres: simplemente una luz única, una expresión singular de una divinidad que abarca todo sin fisuras)

Pero habían pasado catorce años. Quizás demasiado tiempo para responder a una llamada tan importante. 

Aun así, el caballero dio por bueno todo lo aprendido en su solitaria estancia en aquel torreón tan frío y desangelado. Descubrió que lo había construido el mismo con el objetivo de aprender cosas importantes para su camino posterior en busca de comarcas más soleadas.

Aquel ángel había sido siempre su bendición
Aquel ángel sabía muchas cosas de él. 
Aquel ángel nunca había perdido la fe en su protegido.


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Los espejos se emplean para verse la cara; 
el arte para verse el alma.
(George Bernard Shaw)


martes, mayo 07, 2013

Sunset

Puesta de Sol en Montjuïc
Una puesta de Sol

- Dime la diferencia entre una salida y una puesta de sol -preguntó la tortuga a la liebre.

- Ummh, no sé... quizás sea que amanece por la mañana y anochece por la noche -replicó la liebre.

- No, amiga mía -respondió la tortuga. Entre un amanecer y un anochecer no hay ninguna diferencia. Son sólo una ilusión que crea nuestro mundo al girar. El Sol siempre está ahí, nunca desaparece.


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El que se encadena a una alegría, destruye una vida libre;
pero el que besa la alegría en su vuelo, vive el amanecer de la eternidad.
(William Blake)


martes, abril 09, 2013

Rosa, brújula y estrella


Rosa de los vientos y brújula
Rosa de los vientos y brújula en la Tierra

Me perdí entre ideas sin sentir, espirales sin centrar y sombras sin transformar.

Si tu manecilla se aquieta y señala un cañaveral acunado por el color y el sonido de los vientos solares, dejo de interrogar mi mente y elevo la vista para seguir el rumbo que marcas.

Si tu índice se alarga y marca la brillante áurea de un pueblo y su amanecerdejo de contemplar mi ombligo y alzo la mirada para alcanzar el horizonte que apuntas.

Si mi sol se apaga y oscurece el sentido de mis pasos entre distracciones y laberintos, dejo de mirar mis pies y levanto los ojos para reflejar la luz que irradias.

Gracias por ser rosa de los vientos, brújula de los días y estrella de las noches.


Estrella en el firmamento
Estrella en el Cielo


viernes, abril 05, 2013

Viernes

El nacimiento de Venus (Bouguereau)
El día de Venus
Los lunes nos encerramos en un laboratorio, reunimos lágrimas de Sol y de Luna, mezclamos pétalos de girasol y de artemisa... y dejamos hervir nuestra alquimia hasta destilar una infusión de esperanza.

Los martes entramos en alguna tienda de trueque de sueños... y canjeamos la infusión por semillas preñadas de néctar de árboles.

Los miércoles atravesamos el tintineo de los ríos, cruzamos las campanadas de los mares... y plantamos las semillas en algún desierto por emplazar en los mapas.

Los jueves nos perdemos, nos buscamos en alguna orilla hija del desierto y del mar... y nos encontramos en alguna playa madre de nuestros destinos.

Los viernes nos sacudimos la arena de las ideas, nos miramos hasta encontrar una estrella de mar en el fondo de la mirada, nos abrazamos hasta juntar las almas... y dejamos hervir nuestra sangre hasta destilar una infusión de lágrimas y pétalos.

(Los sábados y los domingos descansamos entre luceros y campos de algodón)

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Haga de cada día de la semana un viernes 
y su vida tomará un nuevo entusiasmo.
(Anónimo)

lunes, marzo 25, 2013

Tu nombre

Shekinah: El espíritu de la paloma
Tu nombre

Soñé contigo. Te encontrabas delante mío, de pie, a cierta distancia. Me mirabas con ojos amplios y profundos. Tu mirada estaba colmada de miel y sabiduría, en equilibrio.

Te aproximaste y me ofreciste tus manos. Yo las tomé... y se hundieron en todos los reflejos de todos los diamantes nacidos y por nacer, los dulces y los salados, los brillantes y los oscuros. 

Acercaste tu mejilla a la mía y tu oído derecho a mis labios.

- Di mi nombre... -dijiste con suavidad.

Yo ya conocía tu nombre.

- Eres la estrella que brilla en el Cielo cuando no hay sombras en la Tierra. Eres la elegida de Dios... y también su armadura en algún relato por nacer -apunté yo.

Cerraste aquellos ojos prestados por alguna virginal diosa Griega y presentaste tu oído izquierdo a mis labios.

- Di mi nombre... -murmuraste esta vez sin apenas acariciar el aire. 

La vibración repetida de aquellas palabras resbaló por la espiral de mi oído... y me estremecí. No sabía donde encontrar tu verdadero nombre. 

Tuve que descender por escaleras de caracol. Tuve que indagar por bibliotecas perdidas: en las estancias más recónditas y en los registros más antiguos. Hasta que, por fin, lo encontré entre las hélices de nuestros ancestros.

- Tu nombre es Shekinah, el árbol con todas las semillas, las flores y los frutos -dije con trémula voz retornada del abismo.

Entonces la sangre recordó su historia, los labios perdieron su obediencia y los ánimos cedieron al temblor.

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sábado, octubre 20, 2012

El trono de Lilith

Lilit (1892) por John Collier.
Lilith reclama su trono
Lilith, deja que me postre a tus pies. Acepta que deposite ante ellos la plateada simiente de un Árbol por venir. Permíteme nutrir esa semilla con el rocío que impregna las alas de mi matinal deseo.

Consiente que me arrodille ante tu sagrado santuario, y que mis lágrimas más dulces limpien la milenaria herida que te infligieron aquellos profanos pescadores. Aquellos que imaginaron peces en el firmamento. Aquellos que rasgaron tu divino templo sirviéndose de redes tejidas con la herrumbre de clavos oxidados. Aquellos que arrojaron tu sacro cuerpo al más negro de los abismos. Desconocían que tú eres cántaro que emana... y agua que corre. Olvidaron que el fluir de tu esencia traspasa redes mucho más allá del olvido de las estrellas.

Siempre fuiste avatar primordial, la única que advirtió que Arriba y Abajo, que Tierra y Cielo se intercambian como el aliento de dos llamas confundidas en un óvulo primigenio.

Yo me alzo y envuelvo tu venerado cuerpo con mis invisibles brazos, y te miro a la altura de los ojos, de igual a igual. Yo anhelo ser espejo de tu más sentida caricia. Yo quiero ser inspiración y expiración de tu más exuberante resuello. Yo deseo despertar la profecía de tu más profundo sueño.

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Otras versiones sobre la (injusta) historia de Lilith:


lunes, octubre 15, 2012

El Aleph de Jorge Luis Borges

El aleph: un punto, un reflejo infinito
Un punto que refleja el universo entero

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.


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Ya conocía el trazo del Aleph. 

Cuando sólo era un niño, las mil quinientas claves de un libro vestido con tapas de plata me indicaron como dibujarlo. Aquellas claves atendieron mi loca plegaria, orgullosa e impaciente.

Durante mil y una noches tracé el Aleph, una y otra vez, a la sombra de la luna, en el pergamino de mis sueños. Lo hice en negro sobre plata y en plata sobre negro, resiguiendo la espina dorsal del cielo nocturno. Mi sangre se congelaba mientras aquel invisible pincel sudaba la fría y argentina tinta.

Sentía la veneración del mensajero sabio, pero no la lástima del ángel compasivo. Era demasiado joven.

Necesitaba que algún fuego me ayudara a descongelar aquella sangre plomiza, espesada por cristales de hielo. Necesitaba trazar aquel símbolo de alguna otra forma. 

Alguien me recordó que las lágrimas son la sangre del Alma.

Por fin lo entendí: debía tatuar el Aleph en el centro de mi órbita, estamparlo allí con la sangre de mi Alma. Nunca había probado a trazarlo con la cálida tinta de mis lágrimas, en un lienzo trenzado por dorados rayos de SolNunca había probado a trazarlo sintiendo en mis labios la áurea sal de la Vida.

Así trazado, ese ideograma representará mi postrera huella, el último paso en mi camino por el Árbol de la Vida

Así grabado, ese signo contiene la llave forjada en Oro que abre la sala del trono.

El aleph
El Aleph:
contenido y continente de lo infinito.

sábado, octubre 06, 2012

La cuna del nuevo Prometeo

Villa Diodati: La cuna del nuevo Prometeo
El antiguo Prometeo robó la llama divina que moraba en el plexo solar de Zeus.

Con aquella llama, contenedora de la voluntad y la energía de los Dioses, Prometeo dio forma a la raza de bronze, aquella cuya descendencia habita actualmente la tierra.

La dorada fue la primera raza. Acabó sin descendencia y se extinguió. La plateada fue la segunda. Acabó desterrada en los infiernos. La arcilla y el calor del fuego modelaron la tercera.

No obstante, Prometeo tuvo que tributar por su osadía. Quien encoleriza a los Dioses, debe pagar por ello. La maldición es el tributo y el castigo su expresión.

El nuevo Prometeo fue tallado por la imaginación de Mary Shelley y el remar de un viento. Éste, en la forma de un irreverente científico, volvió a contravenir la facultad de los Dioses.

Pero en este caso, la condena atravesó la dualidad incorpórea de la tinta y el papel, para perseguir a la autora en vida, traspasando cunas y tumbas.

El rastro trazado por el serpentear de una pluma es silencioso y desgarrador. Tan silencioso como una serpiente inoculando la maldición de su mordedura. Tan desgarrador como un águila picoteando la oscura carne que sublima nuestra llama.

Tal es el potestad de los Dioses, tal es la sentencia para aquellos que imaginaron robar su llama.


Quien ha tenido el poder para escribir su destino, debe tener el coraje para aceptarlo. (Remando al viento)
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viernes, octubre 05, 2012

La lluvia del Perdón

Basílica de Santiago
Basílica de Santiago: el destino

Mi hijo Marc nació un 5 de Febrero y fue bautizado un 25 de Julio (en Catalunya, día de Sant Jaume) por un mossèn de nombre AntoniPor tal razón, su nombre de pila es Marc Antoni Jaume.

El 25 de Julio es, por tanto, una fecha especial para ambos. P
or ello, hemos decidido completar nuestro particular Camino, desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela, un 25 de Julio. El año de finalización resta por determinar, aunque nuestra previsión sería concluirlo en tres grandes etapas.

Además, para acabar de redondearlo, el 25 de julio es, según el sincronario Maya, el día fuera del tiempo: un día especialmente dedicado al Perdón.

Día para celebrar el Perdón Universal, tanto como para meditar, purificarse, o divulgar pacíficamente el Nuevo Tiempo que es Arte. También se llama día verde, recordando que “la paz es la cultura de la biosfera”, para despertar un auténtico compromiso como habitantes de un planeta vivo. Una Tierra, un pueblo, un Tiempo. (Fuente: 25 de Julio de 2012. Cierre de ciclo)


Camino de Santiago
En el Camino de Santiago

En el Camino de Santiago

Planificamos juntos su recorrido. Sus etapas. Sus hitos. Su ruta en la imaginación de los sentimientos.

Realizamos juntos el Camino. Sin prisas. Solo para aprender de su sabiduría, de su gracia.


Este Camino nos enseña que lo importante es compartirlo con todo aquel que lo transita.

Llegamos al final del Camino juntos y allí, delante de nuestro destino, nos abrazamos. Ese abrazo sabe a una lluvia de lágrimas del Cielo, de Perdón y de Agradecimiento, dos caras de una misma moneda denominada Amor.


Este es un Camino de la VidaY en su travesía, aprendemos a bendecir y a ser bendecidos. 

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El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. 
Es dos veces bendito: bendice al que lo da y al que lo recibe. 
(William Shakespeare)

Camí de Sant Jaume
Camí de Sant Jaume


viernes, septiembre 21, 2012

Mi ángel de la guarda

Un ángel de la guarda
Un ángel de la guarda

Hace unos días, concretamente la mañana del miércoles 29 de Agosto, sentí repentinamente un dolor punzante y prolongado en mi pierna izquierda, por debajo de la rodilla. Ciertamente aquel dolor me extrañó y me asustó. Me pregunté de dónde podía provenir.

Poco después pensé en mi hijo, el cual se encontraba fuera de Barcelona. Me preguntaba si le habría ocurrido algo. Le llamé por teléfono. Me contestó y me tranquilicé cuando me dijo que se encontraba perfectamente.

Algo más tarde recordé que alrededor de tal fecha, hacía 15 años, a mi abuela le habían amputado una pierna a causa de una cangrena que finalmente acabaría con su vida. De hecho, unas semanas después, concretamente un 21 de Septiembre, mi abuela dejaba este mundo.

Yo pasé varios días y varias noches junto a ella en el hospital donde acabaría sus días. Sintiendo su sufrimiento e intentando compensar una mínima porción del cuidado que ella me había regalado durante toda su vida, pero especialmente cuando yo era un niño y convivíamos bajo el mismo techo.

Y también me vino a la memoria otro episodio de mi vida que ocurrió hace ya muchos años, tras su muerte.

Cierto día, tras una discusión con mi entonces pareja, abandoné el escenario de la disputa lleno de ira y dando un portazo, tal como solía hacer en aquellos casos. Salí del piso, cogí el coche y me dirigí hacía ningún sitio a toda velocidad, tal como solía hacer en aquel tiempo.

Aquel día llovía. La calzada estaba totalmente mojada. Tomé a toda velocidad una de las autopistas de salida de Barcelona. Conducía sin mucha atención mientras mantenía mi corazón lleno de ira y mi cabeza congestionada de pensamientos airados. Después de una curva con una visibilidad limitada, me encontré con una inesperada retención de vehículos.

Intenté frenar a tiempo pero no pude. Aquel coche no disponía de los avances tecnológicos habituales hoy en día. Todavía no sé cómo pero el coche se fue deslizando durante un lapso interminable a través del arcén izquierdo de la autopista, entre el estrecho espacio que separaba un muro a la izquierda y los coches detenidos a la derecha.

Cuando pude detener el coche, salí del mismo desconcertado.

Me preguntaba qué había ocurrido. Yo estaba intacto y, tal como pude comprobar después, el coche también lo estaba. También pude observar de reojo como algunos conductores salían de sus vehículos y me miraban entre la indignación y el asombro. Instantes después, yo ya no podía mirar a ningún lado, tan solo podía fijar mi mirada en el asfalto, apoyado en el coche, mientras intentaba recuperar el aliento y el entendimiento.

Continuaba preguntándome cómo podía haber colocado un vehículo sin control en un arcén tan estrecho y recorrido decenas y decenas de metros hasta detenerlo sin haber sufrido ningún rasguño. Sin duda, había tenido mucha, demasiada suerte.

Más tarde, aquel mismo día, en la forma de un recuerdo sumergido en una momentánea llama, me llegó la imagen de mi abuela María.

Abuela María, sigo conectado a tu dolor pero también a tu protección: la más dulce y la más bondadosa de todas. Aquel día lluvioso sentí que habías estado a mi lado guardándome de mi falta de consciencia y ahora siento que aun continuas a mi lado, como siempre hiciste, desprendiendo bondad a través de tus dulces miradas, tus bondadosas palabras y tus sentidas caricias. Toda tú desbordabas y desbordas dulzura, bondad y amor.

Abuela María, gracias por continuar a mi lado.


María Tiburcio Muñoz


Recordatorio María Tiburcio Muñoz